Portada: Volver a empezar con Dios — primera luz sobre una puerta abierta, y un padre parado en ella mirando el camino.

Biblioteca de aprendizaje

Volver a empezar con Dios

Para quien un día caminó con Dios y se alejó. Usted no se arregla primero. Vuelve a casa, obedece lo siguiente, y deja que el Espíritu Santo haga el cambio.

Volver a la biblioteca

Tal vez se fue alejando sin darse cuenta, y un día cayó en la cuenta de que tenía años de no orar. Tal vez volvió a algo que le había prometido a Dios que ya había dejado, y no una sola vez, y se escondió. Tal vez Dios se quedó callado justo cuando usted más lo necesitaba. Tal vez la gente que hablaba en nombre de Él le hizo daño.

Sea cual sea el camino por el que llegó al país lejano, esta clase es para el camino de regreso.

Toda la clase descansa sobre una sola historia que Jesús contó: la de un hijo que agarró todo lo suyo, se fue, lo perdió todo, y regresó. Siete capítulos recorren esa historia paso a paso, y todos dicen las mismas tres cosas:

  • Usted no se arregla primero. Eso es precisamente lo que no funcionó. Volver a casa es donde el cambio empieza, no el premio por haberlo terminado.
  • El camino de regreso es la obediencia. No un programa. Un paso concreto, con nombre y con fecha, y después el siguiente.
  • El Espíritu Santo es quien hace el arreglo. Lo suyo es venir y obedecer. El cambio lo hace Él.

Puede trabajar estos capítulos solo, pero están escritos para caminarlos con otro creyente — un mentor que lea la historia con usted, que escuche y que haga las preguntas. Si tiene a alguien así, pídaselo. Si no lo tiene, empiece de todos modos, y pídale a Dios que le mande uno.

  1. El país lejano — cómo llegó hasta aquí, dicho con honestidad.
  2. Volver en sí — no se limpió. Se levantó.
  3. Ya no soy digno — la vergüenza, haberle fallado a Dios, y sentirse hipócrita.
  4. El Padre que corre — cómo es Dios de verdad con el que viene de regreso.
  5. Un hijo, no un jornalero — la túnica, el anillo, las sandalias, y el Espíritu que hace el cambio.
  6. El hermano mayor — la gente que no va a celebrar, y el que lleva usted por dentro.
  7. Vivir en la casa del Padre — una vida de todos los días, y qué hacer cuando vuelva a caer.

Cada capítulo termina igual: algo que obedecer, y alguien a quien contárselo.

Si usted nunca se fue, pero está profundamente desilusionado con la iglesia, Jesús primero está escrito para usted.

Si ya volvió a casa, pero todavía se acerca a Dios por miedo, o sobre todo por lo que Él le puede dar, Amar a Dios por quien Él es está escrito para usted.

Imprímalo

Capítulos

  1. El país lejanoCómo llegó hasta aquí, dicho con honestidad. Usted puede empezar desde donde de verdad está.
  2. Volver en síNo se limpió. Se levantó.
  3. Ya no soy dignoLa vergüenza, haberle fallado a Dios, y sentirse hipócrita. El Padre no lo dejó terminar el discurso.
  4. El Padre que correCómo es Dios de verdad con el que viene de regreso. Él estaba mirando el camino.
  5. Un hijo, no un jornaleroLa túnica, el anillo, las sandalias, y el Espíritu que hace el cambio. Los hijos no se ganan la casa. Viven en ella.
  6. El hermano mayorLa gente que no va a celebrar, y el que lleva usted por dentro. La fiesta no espera al hermano mayor.
  7. Vivir en la casa del PadreUna vida de todos los días, no un momento de regreso, y qué hacer cuando vuelva a caer. Regrese de la misma manera, cada vez.

¿Tienes preguntas mientras aprendes?

No tienes que resolverlo solo, y preguntar no cuesta nada. Cuéntanos qué te dejó la clase — por dónde empezar, qué sigue, o la parte que no te quedó clara — y te respondemos por correo.

Dirigir esta clase

Para líderes

Material impreso

Guía del facilitador (PDF)Todo lo del cuaderno, más notas, tiempos y respuestas para quien facilita.Guía del facilitador en folleto (11×17)Guía del facilitador en folleto (A3)Papel tabloide: imprima por ambos lados volteando por el borde corto; doble por la mitad y engrape en el lomo.Papel A3: imprima por ambos lados volteando por el borde corto; doble por la mitad y engrape en el lomo.

Cómo usarlo

Dos sillas, no un salón

Esta clase no se enseña a un grupo. La camina un creyente a la par de una sola persona que un día siguió a Jesús y se alejó, por una temporada o por décadas. Todo el libro del mentor da por hecho esa forma: dos personas, una historia y siete conversaciones.

Quién debería acompañar. Alguien del mismo sexo, maduro en la fe y sin prisa. Madurez aquí no quiere decir no haber caído nunca; quiere decir haber vuelto con honestidad y conocer al Padre que sale corriendo al camino. Si usted necesita que la persona esté «arreglada» para la séptima semana, este no es su libro.

Dónde reunirse. En un lugar semipúblico: una cafetería, la banca de un parque, una mesa al fondo de un comedor tranquilo, un corredor que da a la calle. Con suficiente privacidad para hablar con franqueza, y a la vista de otros, para que nadie quede nunca a solas detrás de una puerta cerrada.

Nada de dinero. No se cobra, no se presta, no se pide y no se paga nada, en ninguna dirección. Si toman un cafecito, que cada quien pague el suyo.

Lo que se guarda, y el único límite

Quien regresa le va a contar cosas que nunca le ha contado a nadie. Guárdelas. Nada de eso llega a su cónyuge, a un pastor, a una cadena de oración ni a un estudio bíblico, ni siquiera disfrazado de motivo de oración.

Hay una excepción, y es más justo decirla temprano que descubrirla juntos en el peor momento: si usted se entera de que un niño o un adulto vulnerable está sufriendo daño, o de que la persona tiene intención de lastimarse o de lastimar a alguien, la seguridad pesa más que el secreto. Dígalo claro en la primera reunión, con palabras sencillas, para que después nunca se sienta como una traición.

Cuándo buscar más ayuda

Un mentor no es un consejero profesional, y hacerse pasar por uno puede causar daño de verdad. El abuso, las ideas de hacerse daño, las adicciones y los traumas salen a flote en una clase sobre volver a casa, porque muchas veces son parte de la razón por la que alguien se fue. Cuando aparezcan, acompañar incluye ayudar a la persona a encontrar gente preparada para eso — un médico, un consejero, un grupo de recuperación, las autoridades si alguien corre peligro — y seguir reuniéndose con ella. Referir no es soltarla. Es quedarse a su lado mientras otro hace lo que usted no puede hacer.

La forma de cada reunión

Todas las reuniones tienen la misma forma, y eso es un regalo: la persona siempre sabe lo que viene.

  1. El «Voy a…» de la semana pasada. Cómo le fue. Si lo hizo, alégrese con ella. Si no, una sola pregunta — ¿qué se le atravesó? — y vuelvan a comprometerse.
  2. El pasaje, dos veces. Uno lo lee y después el otro, en voz alta si se puede.
  3. Lo cuenta de nuevo. Con sus propias palabras, con la página cerrada.
  4. Las preguntas del capítulo. Las contesta ella. Usted pregunta, y aguanta el silencio.
  5. Un «Voy a…» con fecha, y a quién se lo va a contar. Un día real y un nombre real.
  6. Oración. Corta, por nombre, con palabras de todos los días.

Lo más difícil es el cuarto paso. La Biblia y el Espíritu son los maestros; el mentor hace preguntas. Si se sorprende explicando lo que significa un versículo antes de que la persona haya tenido oportunidad de encontrarlo, muérdase la lengua y pregunte otra cosa.

Los dos momentos que deciden todo

Hay dos momentos que deciden si alguien sigue viniendo. El primero es la vergüenza. Cuando la persona diga que le falló a Dios, o que se siente hipócrita, no le quite peso al pecado para consolarla, y tampoco firme la sentencia que ella misma se está dictando. El capítulo 3 está hecho para ese momento; dele todo el tiempo que pida.

El segundo es la herida que dejó una iglesia. Cuando salga, recíbala. No justifique a nadie, no le busque explicación, y no la apure a volver a ningún templo. Primero el Padre; la familia viene después.

Los dos libros

El cuaderno es de la persona que regresa: una introducción corta en cada capítulo, el pasaje, las preguntas y espacio para escribir. Entrégueselo en la primera reunión. Lo que escriba ahí es suyo; nunca le pida que se lo entregue.

El libro del mentor es este: el mismo pasaje y las mismas preguntas, más qué escuchar, cuándo hablar, cuándo quedarse callado, y una nota para cada pregunta. Guárdelo para usted y téngalo abierto cuando se reúnan. Se escribió para un solo lector, y ese lector es usted.

Esta clase

7 capítulos

Para quien un día caminó con Dios y se alejó. Usted no se arregla primero. Vuelve a casa, obedece lo siguiente, y deja que el Espíritu Santo haga el cambio.

Tiempo necesario

Por sesión
30–45 minutos, uno a uno
En total
Siete reuniones, más o menos una por semana

Antes de dirigir

Antes de la primera reunión, lea Lucas 15 varias veces, hasta que pueda contar la historia del hijo menor sin ver la página. Repase con honestidad su propio camino de regreso: si alguna vez se alejó, se escondió o se desilusionó de Dios, sepa cómo lo diría en dos frases. Practique la disculpa en voz alta hasta que suene suya: «Lamento mucho si alguna vez los cristianos lo hicieron sentir juzgado. Así no trataba Jesús a la gente.» Y sepa desde ya, antes de necesitarlo, a quién llamaría en su zona si aparece abuso, riesgo de hacerse daño, una adicción o un trauma.

Qué llevar

  • Un cuaderno impreso para la persona que usted acompaña
  • Este libro, para usted, y un lapicero
  • Una Biblia, o el pasaje impreso, para cada uno