Alcanzar a un desconocido · 3 de 9
El primer mensaje
Cuatro cosas van adentro, y una de ellas es una fecha.
La manera más común de perder uno de estos contactos no es el rechazo. Es un creyente capacitado y con toda la disposición que anda tres semanas con un papelito en la bolsa, porque llamar a un desconocido se siente como andar vendiendo algo.
Aclaremos eso de una vez. Usted no está llamando en frío a nadie. Esta persona levantó la mano, escribió su propio número, y pidió exactamente lo que usted le va a ofrecer. Usted está devolviendo un mensaje, no empezando uno.
Mándelo dentro de los primeros días, mientras el día en que nos conoció todavía está fresco.
Las cuatro cosas que van adentro
1. De dónde sacó su nombre — de una vez. En la primera línea. Nadie debería quedarse ni una frase preguntándose cómo un desconocido consiguió su número. “Nos conocimos en la clínica el sábado” hace todo el trabajo.
2. Su petición de oración, si escribió una. La escribió porque era lo más pesado de su semana. Pregúntele. Ore por eso — pase o no pase lo del estudio. La hoja es una promesa, y esta es la parte del mensaje que demuestra que la escuchamos en lugar de solo procesarla.
3. La oferta, con las palabras de ella. La frase del capítulo pasado: usted puso que le gustaría aprender cómo estudiar la Biblia, y con gusto le enseño unas cositas que a mí me enseñaron.
4. Una hora específica. No “un día de estos”. Un día, o dos para que escoja. Una idea sin nombre y sin fecha no produce nada.
Todo junto suena a persona, no a libreto:
“Hola, doña Marta — le habla Ana, nos conocimos en la clínica el sábado. He estado orando toda la semana por la operación de su mamá, ¿cómo le fue? Usted puso que le gustaría aprender cómo estudiar la Biblia. Con mucho gusto le enseño unas cositas que a mí me enseñaron — como una hora nada más. ¿Le sirve el jueves por la tarde, o le queda mejor el sábado por la mañana?”
Sirve por llamada o por mensaje. Donde WhatsApp es como de verdad se habla, un mensaje muchas veces es más amable que una llamada: le deja contestar cuando tenga un ratito, en vez de ponerla en aprietos.
Después, lea bien la respuesta
El propósito del primer mensaje no es arrancarle un sí. Es averiguar si el interés es real, temprano, mientras averiguarlo todavía sale barato.
Un sí con día pegado es real. Confirme la hora y deje de vender. Ya consiguió lo que pidió.
Amabilidad sin fecha, dos veces, casi siempre es un no amable. La gente es generosa y no le gusta negarse. “Ay, qué lindo, déjeme ver la otra semana”, repetido, es una respuesta. Deje la puerta abierta — “si algún día quiere, aquí ando” — y siga siendo una buena persona con ella.
El silencio, después de dos mensajes, también es respuesta. No existe un tercer mensaje que convierta el silencio en un estudio bíblico. Pare, y párele de verdad. Una amistad que se sostiene solo hasta que produzca un estudio nunca fue amistad, y la gente siempre siente la diferencia.
Un sí a otra cosa — dinero, un favor, un jalón — vale la pena nombrarlo para uno mismo. Ayude donde honestamente pueda, por los canales del mismo ministerio, y mantenga la oferta del estudio aparte y sin presión.
Cuando es un no
Jesús manda a los suyos con una regla que cubre justo este momento: ofrezca su paz, y si no la reciben, se le regresa.
Si hay allí una persona de paz, su paz reposará sobre ella; si no, volverá a ustedes. — Lucas 10:6 (OTB)
No se perdió nada. La paz que ofreció no se gastó, ni se desperdició, ni se le cobra. Usted no anda buscando a quién convencer; anda buscando a la persona que Dios ya preparó — y parte de encontrarla es averiguar, rápido y con gracia, quién no es esta semana.
Su “voy a” de este capítulo es chiquito y concreto: un nombre, una fecha. Voy a escribirle a ____ antes del ____.
Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.
Practique este capítulo
Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.