Cómo usarlo
Vaya usted primero, siempre
Más que cualquier otra clase de esta biblioteca, esta se sostiene en que el que
dirige esté dispuesto a ser el primero del salón en sonar incómodo.
El capítulo 3 pide nombrar una conversación que uno editó esta semana. El
capítulo 4 pide escribir una frase verdadera sobre Dios y decirla en voz alta. El
capítulo 7 pide admitir cuál de las dos fallas es la que uno de verdad corre. En
cada una de esas, el salón llega exactamente hasta donde usted llegó primero, y
ni un paso más.
Así que lleve una edición real, un primer borrador realmente malo, y un ejemplo
real de actuación suya. El que dirige y da ejemplos pulidos le enseña al salón
que lo pulido es la medida, y van a escribir para eso en vez de escribir algo
cierto.
Guarde la herramienta hasta el capítulo 4
La manera más común de dañar esta clase es aliviar la tensión antes de tiempo.
Los capítulos 1 al 3 construyen una incomodidad a propósito: el mandamiento
nombra lugares públicos, Jesús lo puso de primero, y esto es lo que cuesta
nuestra edición. Alguien va a preguntar, como por el capítulo 2, qué se supone
que hay que hacer. Dígale que la herramienta ya viene y hágalo esperar.
Un salón al que le entregan la frase Shemá en la primera semana la trata como
técnica. Un salón que se quedó tres capítulos con la pregunta la recibe como un
alivio, y la usa.
El silencio es el método
Cada ejercicio de este libro necesita más silencio del que se siente cómodo.
Cuente hasta diez antes de hablar; alguien todavía está escribiendo, y esa pausa
que a usted le incomoda es la que esa persona necesita.
Dos ejercicios necesitan silencios de verdad largos y vale protegerlos: escribir
la frase en el capítulo 4, y dibujar el mapa en el capítulo 8. Cinco minutos y
diez minutos. Los dos se van a sentir larguísimos, y los dos son el capítulo.
Donde un ejercicio pide una frase, no acepte que alguien mueva la cabeza. Esta
clase se sostiene en que la gente escriba sus propias palabras.
A nadie le califican la actuación
Las primeras veces que alguien diga una de estas frases, le va a sonar como un
rótulo de neón a media conversación normal, y la va a repasar en el carro
después.
Dígalo antes de que pase, y vuélvalo a decir si alguien regresa contando que le
fue mal. Lo incómodo es la experiencia normal de los primeros intentos, no un
veredicto sobre la práctica. La práctica da progreso, no perfección — pasos, no
saltos.
Vigile también lo contrario: un salón que oye el capítulo 7 y concluye que lo
seguro es no decir nada. Eso no es prudencia. Es la falla del silencio con la
que empezó la clase, y vale nombrarlo en voz alta antes de que termine la última
sesión.
Recoja los compromisos, y después pregunte
Tres capítulos terminan con un nombre y una fecha: la palabra floja del capítulo
2, la primera bandera del capítulo 5, y la zona callada del capítulo 8.
Recoja los tres en voz alta, de cada persona, con los espacios llenos. Anótelos
usted. Y después pregunte por ellos la próxima vez que se reúnan — ese preguntar
es lo que hace honesta la siguiente vuelta, y el que recoge compromisos y nunca
los vuelve a mencionar le enseñó al salón que los compromisos son un trámite.
Cómo usar los dos libros
El cuaderno es del participante: una entrada corta, las preguntas, y el
espacio para escribir. Imprímalo por ambos lados para un fólder.
El libro del líder es ese mismo, más toda la enseñanza y la capa del que
dirige — el tiempo de cada capítulo, qué preparar, y qué vigilar. Téngalo
abierto frente a usted durante la sesión. Trae notas y respuestas que no están
en el cuaderno del participante, así que reparta el cuaderno, nunca este.