El EBD en cualquier lugar · 5 de 10

En su propia mesa

Los papás son los primeros en dirigir.

Alguien tira la leche antes de que usted abra la Biblia. El bebé está llorando, el de ocho años está debajo de la mesa, y usted se pregunta si algo de lo que pase en los próximos cinco minutos de verdad puede contar como un devocional familiar. Sí cuenta. Puede que sea la versión más fácil de regar como semilla de todo este método.

El patrón siempre fue la mesa

Mucho antes de que alguien escribiera un currículo, Dios le dio a su pueblo una forma para esto, y no era un salón de clases.

Estos mandamientos que te doy hoy deben estar sobre tu corazón. Imprímelos en tus hijos. Háblales de ellos cuando te sientes en casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. — Deuteronomio 6:6-7 (OTB)

En la casa, en el camino, al acostarse, al levantarse — momentos comunes, no especiales. Su mesa ya tiene todo lo que este pasaje pide. No necesita un plan de lección. Necesita la Palabra, unas preguntas honestas, y las ganas de dejar que sus hijos hablen más de lo que habla usted.

Que el más pequeño hable primero — una corazonada, no una regla

Este método nunca necesitó un lector, solo un oyente — eso sí lo sostiene la biblioteca, y por eso el primer estudio que cualquiera dirige funciona con “cualquiera,” sin exigir más lectura que la de los oídos. Un niño que todavía no lee ni una palabra no está fuera de este método; está dentro de la parte que siempre fue oral desde el principio.

Lo que ya no le puedo señalar en ningún documento es lo que sigue, así que tómelo como la observación de un papá, y pruébela en su propia mesa: un niño casi siempre cuenta una historia mejor que un adulto. Los adultos resumen y se van directo a la enseñanza; un niño se acuerda del burro, de las monedas, del olor del chiquero, porque todavía no ha aprendido a comprimir una historia en una lección. Si en su casa pasa lo mismo, deje que el más pequeño hable primero cuando llegue el momento de contar la historia de nuevo. Puede que escuche todo otra vez, más vivo de lo que esperaba — y cada niño en la mesa va a aprender que su voz cabe en esta conversación antes que la opinión de nadie más.

Del tamaño que le quepa en la mesa

Algunas noches la mesa solo tiene espacio para una historia corta y una pregunta — eso no es que el plan falló, es el plan funcionando del tamaño que su familia tiene esa noche. Pregunte qué le enseña esa historia sobre Dios, o qué podrían hacer por lo que oyeron, y ahí párele. Mantenga el paso de obediencia tan pequeño que un niño de verdad lo pueda cumplir — no “sea amable esta semana,” sino “pídale perdón a su hermana antes de dormir” — y después pregúntele al día siguiente, con el mismo cariño con que le preguntaría si se lavó los dientes. Esa sola pregunta al día siguiente es lo que le dice al niño que la obediencia fue de verdad, no decoración.

No sea el que explica

La disciplina más difícil para un papá es la misma que le cuesta a cualquiera que ayuda con preguntas: no explicar la historia. Un papá que siempre interviene con “lo que esto en realidad quiere decir es…” le está enseñando al niño, en silencio y para siempre, que la Biblia es una caja con llave que solo los adultos pueden abrir. Mejor pregunte. Aguante el silencio. Deje que su hijo llegue a la respuesta un poco más despacio de lo que usted se la podría haber dado, porque esa respuesta más lenta es la que de verdad es de él.

Para recordar

No le explique la historia a su hijo. Deje que él se la cuente a usted.

Póngalo en práctica

Escoja una historia corta y una pregunta para su próxima comida en familia. Deje que el más pequeño cuente la historia primero, antes que nadie más hable.

Voy a leer esto con ________________, el ________________.

Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Practique este capítulo

Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.