El EBD en cualquier lugar · 6 de 10

En el trabajo

El «sin compromiso» tiene que verse.

Usted pasa más horas despierto con esas personas que con casi nadie más, y nunca le ha hablado a ninguna de Jesús. Parte es miedo a ser “el religioso de la oficina.” Y si es sincero, parte es que no sabe cómo invitar sin que se sienta como una venta — o peor, como presión de alguien que le firma la hoja de horas.

Tome el guion, achíquelo

Usted ya sabe cómo invitar a un vecino a leer una historia con un cafecito — todo es corto, cálido, y no pide más que una hora. Una invitación a un compañero de trabajo funciona igual, solo que más pequeña: “Unos cuantos leemos una historia corta de la Biblia en el receso del almuerzo y solo la platicamos. No es clase, no es iglesia — de verdad, es más como platicar mientras se come su sándwich. ¿Quiere probar una vez? Si no le gusta, no pasa nada.” Una hora fija, una duración fija, y un no que no cuesta nada. Esa es toda la invitación. No diga nada de asistencia ni de su iglesia — lo está invitando a una historia, no a una membresía.

Donde el poder cambia las reglas

Ya enseñamos que nada en toda esta clase puede pasar bajo presión — por eso la invitación base siempre dice “sin compromiso” en voz alta, por eso el servicio nunca es un anzuelo, por eso un no le tiene que costar nada a la otra persona. Ponga esa misma convicción en un lugar donde usted firma la evaluación de alguien, y esto es lo que sigue: decir “sin compromiso” en voz alta no lo hace cierto. La presión vive en el organigrama, lo mencione o no. Por eso la protección tiene que ser estructural, no solo de palabra. Nunca invite a quienes le reportan directamente a usted. Nunca lo haga en horas de trabajo sin un permiso que de verdad no le cueste nada a la persona decir que no. Si alguien de más abajo en la línea de mando quiere entrar, que entre porque lo invitó un compañero, no usted. Esto no es precaución por precaución — es el mismo “sin compromiso” sobre el que corre toda esta clase, aplicado al único lugar donde decirlo no basta para que sea cierto.

Vigilar quién se queda platicando

Cuando entren en una casa, comiencen diciendo: ‘Paz sea sobre esta casa.’ Si hay allí una persona de paz, su paz reposará sobre ella; si no, volverá a ustedes. Permanezcan en esa casa, comiendo y bebiendo lo que les den, porque el obrero merece su salario. No se muden de casa en casa. — Lucas 10:5-7 (OTB)

Jesús mandó a los suyos a lugares comunes — casas, no templos — y les dijo que se quedaran ahí y vieran quién los recibía. Un receso del trabajo es su versión de esa casa: vigile igual ahí, a quién se queda platicando después de la historia, quién hace una segunda pregunta, quién dice “¿puedo traer a alguien la próxima semana?” Esa es la persona de paz que Dios ya puso a tres escritorios del suyo.

Algo más que yo añadiría — tómelo o déjelo

Lo que enseñamos no le pone horario a un estudio en el trabajo. Aquí está mi propia regla, por si sirve, y usted puede llevar la suya distinta: hora fija de empezar, hora fija de terminar, el mismo día, cada semana — y pare a tiempo aunque la conversación esté buena. Yo he visto que la gente sigue volviendo a algo que respeta su siguiente reunión, y deja de venir, en silencio, a algo que se alarga. Úsela si le sirve; usted conoce su propio trabajo mejor que yo.

Para recordar

Si le rinde cuentas a usted, «sin compromiso» no basta con decirlo. Tiene que ser cierto.

Póngalo en práctica

Piense en un compañero de trabajo — que no le reporte a usted — a quien podría invitar a una hora de almuerzo, una historia, y un no honesto permitido.

Voy a invitar a ________________ a almorzar el ________________.

Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Practique este capítulo

Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.