Mejor agua · 6 de 8

Que se le quede

Un testimonio que hay que ir a buscar es un testimonio que no va a usar.

Un testimonio escrito guardado en una gaveta no sirve de mucho. Los momentos en que alguien necesita oírlo no avisan, y no esperan mientras usted busca un papel.

Así que este capítulo se trata de la diferencia entre haber escrito un testimonio y poder producirlo — en frío, sin preparación, en un estacionamiento, cuando un compañero de trabajo hace una pregunta que usted no esperaba.

No se lo aprenda palabra por palabra

Suena como el camino obvio y es una trampa.

Un testimonio memorizado al pie de la letra falla de dos maneras. Suena recitado, y la gente lo oye — se le aplana el tono y a ellos se les levanta la guardia. Y se cae entero: se le olvida una línea en medio y todo se detiene, porque usted estaba recuperando un texto en vez de contar una historia.

Apréndase los cuatro tiempos, mejor. Antes, Jesús, ahora, la invitación. Cuatro palabras es todo lo que su memoria tiene que sostener bajo presión, y cada una es un gancho que se trae su propio párrafo. Después las palabras salen un poco distintas cada vez, que es exactamente lo correcto, porque así suena alguien que le está contando algo cierto en vez de estar actuando.

Amarre cada tiempo a una imagen

Lo abstracto se evapora; las imágenes no. Así que amarre cada tiempo a una cosa concreta que usted pueda ver en su cabeza.

No «estaba ansioso» sino el camino al trabajo donde yo ensayaba conversaciones que nunca pasaron. No «un amigo me ayudó» sino la mesa de la esquina en aquel café, y Lucas abierto entre los dos. No «tengo más paz» sino dormir toda la noche.

Va a descubrir que se acuerda de una imagen cuando no se acuerda de una frase. Y cuando dice la imagen en voz alta, la frase llega sola.

Practique en frío, no en caliente

El ensayo que sirve es el que se parece a las condiciones reales.

Decirlo cinco veces seguidas, esta noche, en su escritorio, sobre todo le enseña a decirlo en su escritorio. Decirlo una vez hoy, una vez en tres días, una vez la otra semana — cada vez en frío, sin leerlo antes — es lo que construye la memoria que de verdad va a necesitar.

Dígalo en el carro. Dígalo caminando. Dígaselo a usted mismo en una fila. El punto no es que quede pulido. El punto es que el camino entre alguien acaba de preguntarme y la primera frase saliendo de mi boca se acorta cada vez que usted lo recorre.

Lo que no se mueve

Dos cosas no deben cambiar, y todo lo demás sí puede.

La invitación. Tenga una sola frase que siempre usa, ya gastada de tanto usarla. Este es el tiempo que la gente enreda, y enredarlo es lo que convierte un buen testimonio en una historia que no lleva a ninguna parte.

La verdad. Una historia contada muchas veces tiende a mejorar, y las mejoras casi siempre van en dirección de una mejor historia. Revísese de vez en cuando contra el borrador que escribió. Si a algún detalle le salieron patas, quíteselas.

Para recordar

Cuatro tiempos, no un libreto. Cuatro imágenes, no cuatro párrafos.

Póngalo en práctica

Escoja sus tres imágenes — una del antes, una de Jesús, una del ahora — y escríbalas en algo que vaya a volver a ver. El respaldo de una tarjeta, la contraportada de su Biblia, una nota en el teléfono.

Después programe tres repasos en frío, por escrito, con fecha:

Repaso en frío 1: ________________ Repaso en frío 2: ________________ Repaso en frío 3: ________________

Sepárelos. Hágalos de memoria, no leyendo. Lo que se le pierda entre el primero y el tercero es la parte que nunca fue de verdad suya, y vale la pena saberlo ahora y no enfrente de alguien que lo necesitaba.

Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Practique este capítulo

Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.