Sirva, y luego pregunte · 1 de 9

Dos maneras de equivocarse

No preguntar nunca, o usar la ayuda como carnada.

Su equipo ya sirve. La clínica abre el sábado. La comida sale cada jueves. La clase de inglés se reúne los martes, llueva o truene, y a nadie en su equipo le queda duda de que vale la pena hacerlo. Lo que nadie ha conversado de verdad es qué pasa después de que se acaba el plato o se cierra la puerta del salón.

Servir y no decir nada

Esta es la primera manera de equivocarse, y es la más cómoda: sirve usted durante años y nunca menciona a Jesús en voz alta. Se siente seguro. Se siente como amor de verdad, porque lo es —nadie reparte comida, ni consultas médicas, ni una hora de tutoría esperando algo a cambio. Pero en algún momento, de tanto hacerlo bien, «no queremos ser inoportunos» se convirtió sin darnos cuenta en «nunca preguntamos nada». La clínica sigue, el torneo sigue, la clase sigue, año tras año, y no se abre ni una sola Biblia. Si le pregunta a la mayoría por qué, la respuesta honesta no es teología. Es miedo de ser el tipo de cristiano que nadie quiere tener cerca.

Servir para vender algo

La segunda manera cuesta más admitirla, porque casi siempre viene de gente que se esfuerza por ser fiel. La comida se vuelve la carnada: un mensaje antes de repartir los platos, se anuncia la hora del culto por el altavoz, un llamado al altar metido a la fuerza en un torneo de fútbol. A veces funciona, por una tarde. Pero la gente huele la trampa. Un barrio al que ya le tendieron una carnada una vez deja de confiar en el siguiente acto de bondad —y la próxima vez que su equipo llegue a servir, algunos van a estar esperando a ver qué es lo que realmente quieren.

Las dos vienen del mismo buen deseo

Fíjese que las dos maneras de equivocarse vienen de gente que ama a su prójimo y quiere que conozca a Jesús. Una es silencio por respeto. La otra es presión por urgencia. Ninguna de las dos es un defecto de carácter. Son lo que pasa cuando nadie nos ha mostrado una tercera manera —donde el servicio es completo e incondicional, y la invitación, cuando llega, es igual de honesta.

Jesús nunca separó las dos cosas:

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la buena nueva del reino y sanando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadeció de ellas, porque estaban angustiadas e indefensas, como ovejas sin pastor. — Mateo 9:35-36 (OTB)

Él alimentaba, sanaba y enseñaba —no dos ministerios corriendo por separado, uno real y otro pegado, sino un solo acto de amor con la boca llena.

El servicio se sostiene solo

La prueba de si su equipo lo está haciendo bien es sencilla: ¿la clínica seguiría abriendo, la comida se seguiría repartiendo, si nadie le dijera que sí a nada jamás? Si la respuesta es no, el servicio nunca fue en realidad el regalo —fue el anzuelo. El amor de verdad, sin condiciones, se puede dar el lujo de preguntar con honestidad, porque un «no» no cambia nada de lo que usted ya dio.

Para recordar

La comida no es carnada. El silencio no es virtud.

Póngalo en práctica

Piense con honestidad en la última vez que su equipo sirvió a alguien. ¿Hubo un momento en que pudo haber preguntado algo, y no lo hizo? ¿O hubo una condición que nadie quiso decir en voz alta?

Escriba el nombre de una persona de ese ministerio —alguien que ya conoce.

Voy a orar por preguntarle algo honesto a ________________, antes del ________________.

Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Practique este capítulo

Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.