Alcanzar a un desconocido · 7 de 9
Usted no es el maestro
Dos presiones, y por qué ninguna de las dos le toca cargarla.
En algún punto de la segunda o tercera reunión aparecen dos presiones. Casi todo discipulador siente las dos, y ninguna le toca cargarla.
La presión de tener las respuestas
Llega en forma de una pregunta que usted no puede contestar. ¿De dónde sacó Caín su mujer? ¿Por qué Dios permite que se muera un niño? ¿Por qué hay tantas iglesias, y cuál es la buena?
El instinto es agarrar algo — lo que sea — porque quedarse callado se siente como quedarle mal a Dios delante de una persona que por fin está preguntando.
Esta es la respuesta honesta, completa y repetible:
“No sé. Vamos a ver si está en la historia.”
Eso no es escaparse, ni es debilidad. Es el método funcionando tal como fue diseñado. Y enseña algo que su mejor explicación jamás podría enseñar: que una persona no necesita un experto a la par para abrir la Biblia — que es justamente lo que usted le quiere demostrar.
Cuando entra a la conversación algo de afuera del pasaje — la opinión de un primo, un predicador de la televisión, lo que todo el mundo dice — la pregunta es de todos los que están en la mesa, incluida esa persona:
“¿Dónde lo vio en la historia?”
Con curiosidad, nunca como regaño. El texto corrige. Usted nunca tiene que hacerlo.
La destreza más difícil
La destreza más difícil del que ayuda con preguntas es morderse la lengua. Cuando cae el silencio después de una pregunta, aguante el silencio. Cuente hasta diez. Casi siempre ellos lo van a llenar — y lo que digan va a valer diez veces más que lo que usted iba a decir.
Hay una manera sencilla de entender por qué esto importa. Cuando usted explica el pasaje por ellos, ya les masticó la comida. Pasa más fácil, no los alimenta nada, y la próxima semana van a esperar que usted vuelva a masticar.
La presión de producir resultados
La segunda presión es más callada y pesa más. Alguien le entregó este nombre. Pasan las semanas. No pasa nada espectacular. Y empieza a sentir que le debe un convertido a alguien.
No se lo debe.
Yo planté, Apolos regó, pero fue Dios quien causó el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega son de importancia, sino solo Dios, quien produce el crecimiento. — 1 Corintios 3:6–7 (OTB)
Lea bien lo que dice. Ni el que planta ni el que riega son los que producen algo. Eso no es una degradación; es una liberación. A usted le toca ser sincero, seguir llegando, y mantener la Biblia abierta. El crecimiento es la parte de Dios, en el tiempo de Dios, y no anda con su calendario de seguimiento.
Y cuando le dé por pensar que esa persona necesita un mejor maestro que usted:
En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de Él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. — 1 Juan 2:27 (OTB)
La Biblia y el Espíritu de Dios son los maestros. Usted es el que llegó con una historia y cuatro preguntas.
Para qué lo deja libre esto
Cuando de verdad se cree las dos cosas, las reuniones se ponen más fáciles. Deja de actuar. Deja de dirigir la conversación hacia el punto al que usted quería llegar. Empieza a escuchar, porque ya no anda armando su próxima frase.
Y la persona del otro lado de la mesa empieza a hablar más — que es la única señal confiable de que esto va bien.
Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.
Practique este capítulo
Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.