Alcanzar a un desconocido · 9 de 9

El grupo que empieza solo

La iglesia, el grupo pequeño, y lo que sí vale la pena esperar.

Tres preguntas llegan en casi todas estas relaciones. Suelen llegar en momentos incómodos, así que vale la pena dejarlas resueltas desde ya.

“¿Puedo ir a su iglesia?”

Todavía no — y fíjese que esta es una regla sobre nuestras invitaciones, no sobre la curiosidad de ellos.

La conexión con una iglesia pasa persona por persona, después de que llegaron a la fe y de que la quieren. Fe más deseo. Asistir es fruto, no es puerta: crece de una fe verdadera, y no la produce. No hay en el Nuevo Testamento un solo ejemplo de invitar a un culto a alguien que todavía no cree para que se salve, y por eso invitamos a la Biblia.

Y aun después de la fe, sigue siendo opcional. Un grupo pequeño o una iglesia en casa puede ser exactamente lo que necesita, y una congregación grande no es la meta de este trabajo. No andamos tratando de meter gente en edificios.

Pero si piden ir — vaya con ellos. Nunca le prohíba a alguien una petición sincera. Decirle que no a quien quiere ir es otra forma de presión, nomás que apuntada al otro lado. Acompáñelo, y después platiquen de lo que vivió, como platicarían de cualquier otra cosa.

“¿Puedo llevarlos al grupo?”

Tal vez, después de dos o tres reuniones a solas, cuando el ritmo ya sea real. Nunca apurado.

Aquí está por qué la prisa sale mal. A un buscador que se mete demasiado temprano a un grupo ya establecido de creyentes casi siempre se le acaba la voz. Todos los demás se saben las historias, el vocabulario, la costumbre de cuándo hablar. Se vuelve espectador en un cuarto que se suponía era una conversación — y un grupo de descubrimiento donde el buscador no habla dejó de ser un grupo de descubrimiento.

Deje que lo de ustedes dos alcance a sentirse suyo primero.

Lo que de verdad vale la pena esperar

Y después está el desenlace que es mejor que cualquier cosa que usted hubiera podido organizar.

A veces el buscador empieza a invitar gente por su cuenta. Una hermana. Una vecina. El marido, que llevaba todo este tiempo oyendo desde el otro cuarto. Lo que era de dos calladamente se vuelve un grupo pequeño propio, en su casa, hecho de su gente.

Eso es muchísimo mejor que una invitación al nuestro, y vale la pena reconocerlo apenas empieza, porque es fácil no verlo y fácil apagarlo sin querer.

Es mejor porque se riega donde ellos viven, en vez de sumar donde ya estamos nosotros. Sus vecinos son gente que nosotros nunca vamos a conocer. Y es mejor porque el método acaba de demostrar que sí viaja: alguien que hace tres meses era un desconocido ahora está dirigiendo un estudio, que es exactamente a lo que debía llegar “aprender cómo estudiar la Biblia”.

No hay que ser creyente para tener uno de estos en su casa. Eso no es un descuido nuestro; es el diseño. La Biblia y el Espíritu son los maestros, y las preguntas cargan el peso.

Así que cuando empiece, no se lo quite. No lo mueva a un mejor local ni meta a alguien más preparado. Anímelo, quédese disponible, y déjelo ser de ellos.

“Quiero seguir a Jesús. ¿Me puedo bautizar?”

Tarde o temprano también llega esta — casi siempre de ellos, y casi siempre ya medio contestada en su propia cabeza para cuando los pasajes llegan a la cruz.

Esa es la siguiente clase. Cuando ellos creen recorre la semana en que todo cambia: el bautismo, la iglesia, y cómo proteger lo que apenas nace — en el orden que guarda Hechos.

Antes de cerrar esta clase

Un nombre, una fecha. Anótelo y dígalo en voz alta:

Voy a buscar a ____ antes del ____.

Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.

Practique este capítulo

Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.