Dirija sin enseñar · 1 de 9
Su trabajo es más pequeño de lo que cree
Pregunte, mántengalos en el texto, obedezca primero.
Usted ya está dirigiendo un grupo, y cada semana alguien lo mira como se mira a un maestro: esperando la respuesta, observando su cara para ver si lo que dijeron estuvo bien. Algunas noches llega a su casa más cansado de lo que la reunión debería haberlo dejado, porque cargó algo que nunca fue suyo.
El trabajo que nunca le dieron en realidad
Nadie le entregó un título de maestro cuando aceptó dirigir este grupo. Y eso no es un vacío que hay que llenar; es el diseño. El trabajo de el que ayuda con preguntas es preguntar, mantener al grupo en el texto y modelar la obediencia. Nunca enseñar. Esa es toda la lista. No “explicar bien.” No “tener siempre la respuesta correcta.” Preguntar, mantenerlos en el texto, obedecer primero.
Los mejores casi no se notan. No porque no les importe, sino porque toda su habilidad está en señalar la página en vez de señalarse a sí mismos. Usted sabrá que lo está haciendo bien cuando el grupo empiece a hablar más entre ellos que con usted.
Por qué el trabajo pequeño es el fuerte
Cada vez que el que dirige se convierte en maestro —explicando lo que un versículo “en realidad quiere decir”, resolviendo un desacuerdo con su opinión en vez de con una pregunta— sube el nivel de quién podría dirigir este grupo después. Un creyente nuevo puede preguntar «¿Dónde lo vio en el pasaje?». Ese mismo creyente casi nunca puede dar una respuesta digna de seminario en el momento. En el instante en que dirigir exige dones de maestro, el grupo deja de multiplicarse, porque ahora depende de cuántos maestros con dones haya, y no de cuánta gente esté dispuesta.
Con laicos, deje la palabra facilitador a un lado. Diga el que ayuda con preguntas. No es un título más pequeño. Es uno más honesto.
El alivio que se esconde aquí
Esto nadie se lo dice cuando le entregan un grupo: nunca se supuso que usted tuviera las respuestas. Eso nunca fue el requisito. El mismo Jesús, el único maestro que en verdad lo sabía todo, hacía esto a propósito.
“¿Qué está escrito en la Ley?” replicó. “¿Cómo la interpretas?” — Lucas 10:26 (OTB)
Un maestro de la ley le hizo una pregunta directa y seria, y Jesús no la respondió. Se la devolvió al hombre que tenía la ley en sus propias manos. Eso no es evasión. Es respeto por lo que el texto puede hacer sin que usted se pare delante de él.
Usted no tiene que ser el más sabio del círculo. No tiene que haber leído ningún comentario bíblico. Necesita tres disciplinas, sostenidas con un poco de disciplina propia: preguntar y no explicar; mantenerlos en el pasaje; obedecer primero, para que nadie más tenga que ir primero solo.
Para recordar
Pregunte. Mantenga al grupo en el texto. Obedezca primero. Nunca enseñe.
Póngalo en práctica
En su próxima reunión, esté atento al primer momento en que alguien lo mire a usted buscando la respuesta. En vez de dársela, haga la pregunta que hizo Jesús: «¿Dónde lo vio en el pasaje?». Deje que el silencio que sigue sea del grupo, no suyo.
Voy a dejar que ________________ responda en lugar de mí, en la reunión del ________________.
Las citas bíblicas provienen de la Open Translation Bible (OTB), usada bajo licencia CC BY-SA 4.0.
Practique este capítulo
Haga un Estudio Bíblico de Descubrimiento corto sobre este pasaje — todo lo que enseñó este capítulo, sobre uno de verdad.